El síndrome premenstrual (SPM) es una realidad para muchas mujeres. Aunque a menudo se minimiza o se normaliza, puede tener un impacto significativo en la energía, la concentración, el estado de ánimo e incluso en el rendimiento laboral o deportivo.
Comprender qué ocurre en el cuerpo durante esta fase permite gestionar mejor los síntomas y mantener el bienestar físico y emocional.
Tabla de contenidos
¿Qué es exactamente el síndrome premenstrual?
El síndrome premenstrual es un conjunto de síntomas físicos, emocionales y conductuales que aparecen en la fase lútea del ciclo menstrual (los días previos a la menstruación) y que desaparecen con el inicio de ella.
Según el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta el 75% de las mujeres experimenta algún síntoma premenstrual, aunque su intensidad varía considerablemente.
Cambios físicos que pueden afectar a tu día a día
Durante esta fase, aumentan los niveles de progesterona y se producen variaciones hormonales que pueden provocar:
- Sensación de fatiga o menor energía.
- Retención de líquidos.
- Dolor abdominal o lumbar.
- Dolor de cabeza.
- Alteraciones del sueño.
Estos cambios pueden hacer que tareas cotidianas resulten más exigentes o que el ejercicio físico requiera mayor esfuerzo percibido.
Impacto emocional y cognitivo
El SPM no solo afecta al cuerpo. También puede influir en:
- La concentración.
- La memoria a corto plazo.
- La tolerancia al estrés.
- La motivación.
- La estabilidad emocional.
Algunas mujeres describen esta fase como un periodo de mayor irritabilidad o sensibilidad emocional. En entornos laborales exigentes, esto puede traducirse en menor productividad o mayor sensación de sobrecarga.
Es importante señalar que cuando los síntomas son graves y afectan significativamente a la vida diaria, podría tratarse de un trastorno disfórico premenstrual (TDPM), que requiere valoración médica.
¿Por qué baja el rendimiento en esta fase?
La combinación de cambios hormonales, alteraciones del sueño y síntomas físicos puede afectar tanto al rendimiento físico como mental.
Además, la temperatura corporal basal aumenta ligeramente en la fase lútea, lo que puede influir en la resistencia durante el ejercicio prolongado. Estudios en medicina deportiva han observado que muchas mujeres perciben mayor esfuerzo durante esta etapa.
¿Cómo adaptar tu ejercicio en esta fase?
Aunque no siempre es posible eliminar los síntomas, sí se pueden adoptar medidas para gestionarlos mejor:
1. Planifica con antelación
Si conoces tu ciclo, puedes anticipar esta fase y organizar tareas exigentes en momentos de mayor energía.
2. Ajusta la intensidad del ejercicio
Opta por actividad moderada, movilidad, trabajo de fuerza controlado o ejercicios que reduzcan el estrés como yoga o natación.
3. Prioriza el descanso
Dormir adecuadamente ayuda a reducir la irritabilidad y mejora la capacidad de concentración.
4. Alimentación equilibrada
Una dieta rica en frutas, verduras, proteínas de calidad y baja en ultraprocesados puede ayudar a estabilizar la energía.
5. Consulta si los síntomas son intensos
Dolor incapacitante, ansiedad severa o alteraciones importantes del estado de ánimo deben ser valoradas por un profesional sanitario.
En Mas Prevención, promovemos la educación en salud y el conocimiento del propio cuerpo como parte fundamental de la prevención y el bienestar integral. Porque cuando comprendemos cómo funcionamos, podemos cuidarnos mejor en todos los ámbitos de nuestra vida.