El insomnio y los problemas de sueño afectan a millones de personas en todo el mundo. Según la Sociedad Mundial del Sueño, hasta un 45 % de la población tiene dificultades para descansar correctamente, lo que repercute directamente en la salud y la calidad de vida. Entre los factores que influyen en el descanso, la luz juega un papel clave.
En los últimos años, la luz roja ha despertado interés por su posible capacidad para favorecer un sueño más natural. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia?
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Cómo influye la luz en el descanso
Nuestro cuerpo sigue un ritmo biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia. Cuando hay luz, el cerebro se mantiene activo; cuando oscurece, comienza la producción de melatonina, la hormona que prepara al organismo para dormir.
El problema es que no todas las luces afectan igual. La luz azul, presente en pantallas y muchas bombillas, imita la luz del día y puede retrasar el inicio del sueño al inhibir la melatonina.
¿Por qué la luz roja?
La luz roja, con una longitud de onda más larga y menor energía, es la que menos estimula el cerebro durante la noche. Estudios realizados en entornos clínicos han observado que este tipo de iluminación interfiere mínimamente en el ritmo circadiano, ayudando a crear un ambiente más relajante antes de dormir.
Por este motivo, se considera una opción más adecuada que la luz blanca o azul para las horas previas al descanso.
Cómo incorporar la luz roja a tu rutina
Para aprovechar sus posibles beneficios, se recomienda:
- Utilizar luz roja, suave, no intensa
- Emplearla sólo en las últimas horas del día
- Evitar combinarla con pantallas o luces brillantes
- Crear una iluminación indirecta y calmada en el dormitorio
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